“No hace mucho tiempo existía una tierra
tan lejana, tan lejana, que ni siquiera llegaba la Navidad. Los renos de
Papá Noel y los camellos de los Reyes Magos, incluso, habían olvidado
el camino de ida y los niños llegaron a pensar que Melchor, Gaspar y
Baltasar no les llevaban juguetes porque debían de ser muy malos, aunque
como eran niños, no sabían muy bien lo que significaba ser malo, unos
aventuraban que tenía que ver con no terminarse la merienda, mientras
que otros afirmaban que debía ser algo mucho más gordo, como por ejemplo
no querer bañarse cuando mamá se lo decía. Tan enfrascados en sus
tribulaciones andaban los niños que no se percataron de que había
algunos mayores escuchando. Los mayores cayeron en la cuenta de que,
como eran mayores y siempre estaban ocupados, no se habían fijado en que
los Reyes Magos hacía mucho tiempo que no visitaban aquellas tierras
tan al sur. En ese momento, uno de los mayores propuso unirse y mandar a
alguien a hablar con los Reyes Magos y decirles que las tierras que
están al sur también existen y que estaban llenas de niños y niñas y
jóvenes y papás y mamás y abuelas y abuelos, como en cualquier otra
parte, y que querían verlos. Fue entonces, que decidieron enviar a
alguien que fuera lo suficientemente fuerte para recorrer el largo
camino existente desde aquellas tierras tan, tan al sur. El emisario de
las tierras del sur, anduvo y anduvo de acá para allá, llamó a muchas
puertas y habló con gente, que conocía a alguien, que, finalmente sí,
sabía donde encontrar a los Reyes Magos y hablar con ellos. Los Reyes se
mostraron encantados con la idea, de hecho, ellos llevaban años
buscando a alguien que tuviera los mapas que ellos habían perdido para
encontrar el camino a las tierras del sur y dar a todos los niños que
las habitaban los regalos que habían pedido y explicarles que ellos,
como cualquier otro niño del mundo, no pueden ser nunca malos, solo
traviesos y que eso era de lo más normal. Solo quedaba un obstáculo que
salvar, los camellos de los Reyes llevaban toda la noche andando de una
casa a otra dejando regalos y estaban muy cansados para llegar hasta las
tierras del sur, con la buena suerte que encontraron a un señor muy
bueno, que se ofreció a poner la caballería de repuesto, con una única
condición, que los niños y mayores de las tierras del
sur acogieran con mucho cariño a los Reyes- ¿Eso es todo?- preguntó el
emisario de las tierras del sur, que convencido de que así sería dijo-
Ahí está mi mano- y selló el pacto. El día de Reyes todos estaban
felices en las tierras del sur de ver allí a los Magos de Oriente,
algunos mayores apenas los recordaban, algunos niños nunca los habían
visto e incluso fueron a verlos gentes de tierras cercanas que no se
querían perder el acontecimiento. Tan queridos se sintieron los Reyes
Magos que prometieron volver cada año y ayudar a los mayores a construir
nuevos caminos para que nunca más nadie olvidara a aquellas tierras,
desde entonces un poco menos al sur”.
Antonio Mejías Fernández |